1: El padre, Jesús y el Espíritu


LA VERDAD ORIGINAL DE JESÚS

CAPITULO 1
EL PADRE, JESÚS Y EL ESPÍRITU DE JESÚS.


1.  Jesús fue el que dio a conocer la trinidad celestial. 
Cuando Jesús descendió, desde su trono Celestial hasta la Tierra, según Él dijo, hace dos milenios, enseñó que El Padre, el Hijo y el espíritu de Jesús, son tres personas diferentes. Antes de Jesús, nadie había hablado así de Dios. Porque nadie conocía a Dios en verdad aún, según Jesús. Por esto dice el evangelio según Juan, que hasta que llegó Jesús nadie había visto a Dios y, que nadie además de Jesús, es quien lo ha dado a conocer (Juan 1:18). Ese evangelio de Jesús también dice que todos los que vinieron antes de Él eran ladrones y salteadores (Juan 10:8). Es decir: impostores. No se refería a personas ajenas al pueblo de Israel, sino a todos los que vinieron hablando en nombre de Dios, antes de llegar Jesús. Todos, con la excepción de nadie. Aquí puede uno pensar en los nombres de todos los líderes del pueblo de Israel, o en todos los ángeles que se les presentaron, diciendo que eran Dios mismo, mas no lo eran. Por esto mismo les decía Jesús a los judíos que ellos no eran hijos de Dios, sino hijos de Luzbel (Juan 8:44).
También advirtió Jesús, en varias de sus enseñanzas, que, aunque definitivamente el Padre es el mayor de ellos tres, sin lugar a duda, ellos tres, estando juntos, o estando separados, son el mismo ser, son el mismo Dios, a los ojos de los seres humanos.  Los tres son Dios y los tres son uno.  Tanto el Padre, como el Hijo y también el Espíritu de Jesús, son Dios, ya sea estando uno de ellos, o estando dos de ellos, o estando los tres, juntos o separados, son Dios.
El Padre, el Hijo y el espíritu de Jesús, nos fueron presentados así por Jesús, llamado el Hijo unigénito de Dios Padre, porque solo así podemos conocer verdaderamente a Dios los seres humanos, según enseñó Jesús, que es quien sabe el por qué da a conocer a Dios, en esa forma muy suya y original, de ser ellos tres personas, y ser a la vez un Dios único. Esto no fue una enseñanza de Pablo, ni del antiguo testamento, ni de teólogo alguno de estos dos mil años. nadie, además de Jesús enseñó esto.

2. Nadie además de Jesús da a conocer a Dios.  
Muchos dicen que dan a conocer a Dios, pero entre los cristianos, nadie además de Jesús, da a conocer a Dios verdaderamente, entre todos los seres humanos, porque nadie además de Jesús, es el Dios verdadero para todos los seres humanos, según Jesús.  Entre los miles de profetas de todas las religiones, nadie además de Jesús se atrevió a decir que Él es Dios. Que Él es el creador mismo, en persona. Todos hablan de que recibieron inspiración, que se les manifestó la divinidad, pero nadie además de Jesús se atrevió a decir: “Yo soy el creador del universo, manifestado a ustedes”. En esto de dar a conocer a Dios, nadie es imprescindible además de Jesús, pues solamente Dios puede dar a conocer a Dios.  Pero los seres humanos, así sean muy grandes y poderosos profetas, como Pablo (el anticristo), no pueden por sí mismos dar a conocer a Dios, si no es a través de Jesús. 

3. La trinidad se dio a conocer a través de doce. 
Los únicos seres humanos que pueden hablar con autoridad en nombre de Jesús son los doce apóstoles de Jesús.  nadie, además de ellos doce, ha recibido una autorización así (Mateo 18:18). Autorización es autoridad. Hay que recordar que Pablo no es de los doce, no tiene título real de apóstol, ni tiene esa autoridad. Según dijo Jesús, El Padre, el Hijo y el Espíritu de Jesús, decidieron darse a conocer de toda la humanidad, a través de doce seres humanos.  Los doce apóstoles de Jesús son doce seres humanos comunes y corrientes, que fueron tomados aparte por Jesús, durante tres años.  Jesús los nombró con ese nombre de apóstoles, solo a ellos doce y a nadie además de ellos doce. Con ese título de apóstoles lo diferenció de todos sus cientos de seguidores y discípulos.  A ellos doce los instruyó sobre el reino de los Cielos y sobre la suprema voluntad de Dios. Pero a diferencia de los demás seguidores y discípulos, entre los cuales estaban familiares de Jesús, les confirió a los doce la autoridad de hablar en nombre de Dios en la Tierra. Solo a ellos doce y a nadie además de ellos doce, dados a conocer con sus nombres propios. Ellos constituyen un número cerrado de personas insustituibles, desde la eternidad (Apocalipsis 21:14).  Esos doce hombres representan el verdadero puente, el contacto verdadero y autorizado entre Dios y los hombres, representan ese contacto sin errores, esa revelación pura, ese contacto perfecto entre Dios y los hombres, según Jesús.

4. El número cerrado de doce. 
El hecho de que este número sea cerrado, no se pueda abrir, no se puedan restar, ni añadir personas a este grupo, inició con el número de los doce hijos de Jacob, que son las doce tribus del pueblo de Israel, y se confirmó con las doce piedras del pectoral del sumo sacerdote del Pueblo de Israel, las doce piedras en el pecho del sumo sacerdote son el pueblo, no son trece piedras, ni son trece tribus, ni son trece apóstoles. Nadie puede ser el trece.
Hay similitud en el número de los doce apóstoles de Jesús, con las doce tribus de Israel. Jesús dijo ser el Israel espiritual y Jacob es el Israel de carne, el de la Tierra. Los doce apóstoles que Jesús eligió a sabiendas incluían a uno que no era de los doce, judas, que luego se suicida y para reemplazarlo se presentan dos, Matías y Barsabás. Echan suertes y es elegido Matías, para volver a cerrar el número. Lo mismo sucede con José, que se convierte en egipcio, y para volver a cerrar el número de las doce tribus, José, con Jacob antes de morir, logra que Jacob reciba en el seno de las tribus a sus dos hijos, Efraím y Manasés, como dos medias tribus, no como dos tribus, para que los doce siguieran siendo por siempre los doce. En ambos casos el número tiende a romperse, quedan once, se presentan dos, y al final es cerrado en doce perfecto.
Ya había indicios, sobre que sería un número cerrado de doce el de los apóstoles. Doce los voceros humanos autorizados desde el Cielo. Doce los de las palabras absolutas, incuestionables e inapelables. Doce los seres humanos del contacto perfecto, sin errores, con Jesús. Los doce únicos representantes de Jesús, aparte de todos los que, como Pablo (magistralmente), pretendieron unirse con estrategias diversas a ese grupo cerrado, durante dos mil años.
Según Jesús, Dios todo poderoso, descendió en persona a la tierra y eligió a doce israelitas, a los que Él llamó apóstoles, para darse a conocer de toda la humanidad.  Les dio el título único de apóstoles a ellos doce, elegidos entre los cientos de discípulos, siervos y seguidores de Jesús.  Ellos a sí mismos no se denominaron apóstoles. Todos los que se han tratado de infiltrar en ese grupo, como Pablo, han tenido que denominarse a sí mismos: “apóstol”. Los doce son, desde la eternidad, (según Jesús) doce únicos cimientos del muro que rodea a la nueva Jerusalén, la ciudad espiritual de Jesús, que desciende del Cielo de parte de Dios, donde mora siempre la presencia de Dios, cuyo templo es Jesús, el cordero mismo (Apocalipsis 21:14). No hay trece cimientos de la ciudad espiritual de Jesús, “que desciende de lo alto”. Ni hay trece puertas de esa misma ciudad, sino que las puertas son doce, y tienen los nombres de las doce tribus de Israel. Los doce apóstoles, entonces, están íntimamente unidos en la cuidad de la nueva Jerusalén con las doce tribus de Israel. Los doce apóstoles son los doce únicos cimientos del muro que rodea a la ciudad, y las doce tribus son las doce únicas puertas de ese mismo muro de entrada a la ciudad. Adentro de la ciudad está Jesús, el cordero. El trece queda por fuera. De nadie es la treceava tribu de Israel y nadie es el treceavo apóstol de Jesús.
Cuán importante es nadie en esta historia. No se ve, pero es imprescindible entender su lugar. Si aceptamos que el doce es un número inalterable, un número eterno, un número “descendido del Cielo”, por lo tanto, todo aquel que pretenda ser el trece, está forzando la estructura creada.  Por lo tanto, Pablo está por fuera de ese número, nadie puede ocupar el treceavo lugar allí.

5. Solamente las enseñanzas de los doce son incuestionables. 
El único y exclusivo caso en el cual, todas las palabras y todas las enseñanzas de unos seres humanos, absolutamente todas sus palabras, fueron autorizadas y avaladas previamente por Jesús, como provenientes de su Espíritu, desde antes de ser habladas y escritas esas palabras y esas enseñanzas, fue en los doce apóstoles. Les dijo Jesús a ellos doce, no a todos los creyentes, ni a todos sus discípulos y seguidores, ni a los sucesores de algunos de los doce, sino solamente a ellos doce y a nadie además de ellos doce, que todo lo que ellos doce ataran en la Tierra, sería atado en el Cielo, y todo lo que ellos doce desataran en la Tierra, sería desatado en el Cielo.  La autorización (autoridad), dada a los doce apóstoles es total, absoluta, incuestionable y exclusiva. Es una carta en blanco que les dejó firmada para que ellos hablaran en su nombre.
Jesús dijo que las palabras de sus doce apóstoles, a partir de la venida del Espíritu de Jesús sobre ellos, se convertirían en ley, en palabra firme, en bases y fundamentos del cristianismo mundial. Ese cristianismo es la Jerusalén espiritual. Ellos doce son, nada más y nada menos, que los testigos oficiales de la aparición de Jesús, descendido desde el trono de Dios, (Hechos 1: 15-26).  Ellos doce son la primera iglesia de Jesús.  A partir de ellos doce se formó todo el cristianismo.  Cualquier cristiano es necesariamente testigo de Cristo, de su divinidad, de su resurrección, y de que volverá a juzgar a toda la humanidad, pero solamente hay doce apóstoles de Jesús. Ni uno solo de los cristianos y discípulos, nadie además de ellos doce, puede llamarse a sí mismo, o hacerse llamar, apóstol de Jesús y nadie, además de ellos puede pretender tener la autoridad de Jesús en el cristianismo.
                                               
6.  Hasta en los más grandes profetas se hallan graves errores. 
Los profetas de la antigüedad vieron muchas visiones, verdaderas en gran parte, y los seres humanos han tomado, por siglos, las palabras de esos profetas, como palabras que Dios habló. Hoy en día se han multiplicado por millones los profetas, y ven visiones verdaderas.
Cuando Jesús hablaba de unas profecías del antiguo testamento, profecías muy puntuales sobre el Mesías, que se habían cumplido, no estaba diciendo que todo lo que esos profetas del pueblo de Israel habían profetizado, era verdad de Dios eterna, absoluta, e inobjetable. Ni estaba diciendo que, por ello, esos profetas tenían la salvación asegurada. Sino que Jesús decía que, en esas profecías puntuales, verdaderas, entre muchas otras no acertadas, ellos fueron inspirados por el Espíritu de Jesús. Jesús no necesitaba decir que en otras profecías no habían acertado. Él solo estaba resaltando que ya había sido profetizada su venida y su pasión, por hombres comunes.
Jesús, sin que le hayan prestado mucha atención estos dos milenios, enseñó que la mayoría de los profetas de todos los tiempos, no trabajaron solamente para Dios, sino que además de sí trabajar a veces para Dios, también profetizaron muchas veces para Luzbel, sin saberlo (Juan 8: 38-45) (Judas 1:9).
Según el propio Jesús, a muchos de los siervos de Dios, admirados por la humanidad durante miles de años, poderosos y visionarios, que pretenderán entrar al Cielo, Él les dirá que no los conoce, que son hacedores de maldad. Les dirá esto muy a pesar de que ellos profetizaron en nombre de Jesús y en nombre de Jesús hicieron muchos milagros y fueron columnas y pilares de la historia del Pueblo de Dios (Mateo 7:22-23) (Juan 1:18). 
El día del juicio sobre toda la humanidad rebosará de sorpresas, en cuanto a los líderes, jueces, reyes, teólogos, maestros de la palabra de Dios, que serán arrojados a las tinieblas exteriores. No serán arrojados debido a sus aciertos, sino debido a que con sus errores ayudaron a que se extraviaran los seres humanos. Ellos realmente creían que eran verdaderos siervos de Dios, y por eso le contestan en el juicio, antes de ser arrojados, que ellos profetizaron en su nombre, y en su nombre hicieron milagros. Pero dice Jesús que traspasaron las enseñanzas de Él. Ese día se lamentarán los que lo traspasaron (apocalipsis 1:7). Ellos se engañaron a sí mismos con las magistrales falacias sobre Luzbel que creen hallar en las escrituras, y con las falaces enseñanzas del hijo de Luzbel, Pablo.
La prueba más simple, directa y clara, de los errores de “todos” los profetas del pueblo de Israel, es que todo ser humano que vaya en pos de la verdad entiende, adentro de su mente, sin lugar a duda que, aunque hayan dicho por siglos lo contrario, el Padre, el creador de la vida, jamás ha autorizado a hombre alguno a asesinar a otros seres humanos, y menos en nombre de Dios. Ni siquiera Dios estaba de acuerdo cuando exterminaban a los enemigos del pueblo de Israel. Pero los profetas todos, grandes y pequeños, engañados, les decían a los reyes y jueces de Israel, que era Dios mismo el que los enviaba a masacrar a sus enemigos.
En las palabras del antiguo testamento, quedan los ríos de sangre derramada en nombre del Dios de la vida, como testimonio de algo que jamás ha debido hacerse por parte del pueblo de Israel, por parte de sus profetas y sus dirigentes. Y mucho menos, han debido tratar de legalizar dichas masacres y dichos asesinatos. Asesinato es asesinato, cométalo el que lo cometa, por grande que sea el ejecutor, por gobernante que sea, es asesinato. Estas objeciones para “creer sin cuestionar”, han sobrevivido gracias a las hordas de ateos que han atacado por dos milenios, esa fe ciega en las palabras de los profetas. Los ateos, sin darse cuenta ellos mismos, han salvaguardado las verdades eternas, en este y otros casos muy puntuales. Hay que decir que todos aquellos que alzaron sus voces para reclamar contra este brutal adefesio de asesinar en nombre de Dios, han sido guardianes y garantes de la verdad en la que no han creído. Han servido para depurar la tarea de los buscadores. Ellos tenían que estar aquí.

7. Por ignorancia han sido idolatrados los profetas. 
En verdad podemos creer que los profetas recibieron el Espíritu de profecía de parte de Dios, mas no todas las profecías que leemos en ellos vienen de Dios. Es muy difícil saber si una profecía viene o no de un espíritu de engaño, si lo dicho por el profeta es fruto del deseo de su mente. En verdad los profetas no tienen comunicación directa con lo alto. Para nada es necesario creer que todas las palabras y enseñanzas de un profeta, sean palabras perfectas, sus palabras no son absolutas e incuestionables. En la propia escritura vemos inmensos profetas enviando a un rey a asesinar humanos. Y, en algunos casos como Samuel, cuando Saúl no asesinó al rey derrotado, desobedeciendo la orden previa del profeta, el mismo Samuel, se levantó y ejecutó ese violento asesinato en nombre de Dios. Podemos decir que en los profetas hallamos lo más sublime y también lo más vil del ser humano, conviviendo en la misma persona.
Pero el hecho de que los grandes profetas se hayan equivocado en algunas de sus profecías, no quiere decir que las grandes profecías sobre el Mesías, que los profetas escribieron, sean falsas, sino que los fanáticos no los ven humanos, no los ven falibles. Los profetas son humanos y tienen errores. Son pecadores, no son perfectos. El hecho de recibir una revelación en un momento dado no los hace superiores, ni, mucho menos, los hace infalibles. Pero las personas en su ignorancia los idolatran. La humanidad se ha engañado creyendo que todas las palabras de los profetas son verdad. El problema es reconocer la verdad en medio de errores. 
Por esa ignorancia de los seres humanos hacia los errores de los profetas, por ese culto idolátrico hacia las personas de los profetas, es por donde Luzbel y su hijo, el anticristo Pablo, se han infiltrado, miles de veces, a desviar a miles de millones de seres humanos, por miles de años, desde los patriarcas del pueblo de Israel, hasta nuestros días. Han jugado con las ilusiones y con las emociones de miles de millones impunemente hasta ahora. Millones de veces, espíritus mentirosos se han hecho pasar por el Espíritu de Dios, y han entrado en profetas que de antemano sí habían profetizado verdades de Dios. Por lo que ha habido siempre grandes profetas con algunas de sus profecías erradas (1ª de Reyes 22: 1-38).

8.  Los engaños son los que no han sido descubiertos. 
Todos los millones de engaños que en estos dos mil años ya fueron descubiertos, que ya se sabe que no son verdad, no son engaños, pues ya se sabe la verdad, ya se sabe que son errores y engaños.  Por lo tanto, si Jesús habló de engaños, no pocos, sino muchos, es porque no fueron descubiertos, es porque pasaron como venidos de Dios, pasaron los siglos aceptados por las muchedumbres y aceptados por los líderes, como si hubieran sido palabras del Creador, o de Jesús, o de su Espíritu, durante estos dos mil años. 
Miles de millones de cristianos son engañados en nombre de Jesús, es inevitable, pues parece que así fue decidido por Dios, que todo ser humano sea probado a ver si reconoce la voz, las palabras, las enseñanzas de la verdad, en medio de las apariencias. nadie está exento de esta prueba, pues somos dioses, según Jesús, debemos hallar la sabiduría y la verdad por nosotros mismos, con la injerencia de nadie.
Los engaños vienen desde Luzbel, en el antiguo testamento, y vienen desde su hijo Pablo, en el nuevo testamento.  Los engaños son el espíritu de ellos dos. Su arte es la falacia. Los engaños son las enseñanzas falsas que aún no se ha descubierto que eran engaños, esos son los muchos engaños, no pocos engaños, y engañan a muchos, no engañan a pocos. Engañan por igual a doctos e iletrados. Aquellas enseñanzas que a todas luces parecen verdaderas, pero en realidad son falsas, son las falaces enseñanzas, esos son los engaños.  Muchos han venido en nombre de Jesús, engañados por Luzbel y por su hijo Pablo (el anticristo), y creyendo trabajar para Jesús, trabajan para el error, y a su vez esos muchos engañan a muchos.
Esos muchos espíritus impostores, que fueron anunciados por Jesús y por algunos de sus doce apóstoles, vinieron y se quedaron en la Tierra, engañando impunemente, durante miles de años, a miles de millones de almas, no por su propio poder, no como si a Dios no le importara, no como si Dios lo ignorara.  Jesús denunció la impostura de muchos espíritus, no porque fuera inevitable para Dios combatirlos, sino porque eran una prueba de parte de Dios (Mateo 7:22-23).  Esos millones de espíritus impostores han logrado engañar a miles de millones de almas, no porque Dios, que es todopoderoso, fuera incapaz de controlarlos, sino que esos espíritus impostores fueron autorizados por Dios, para poner a prueba a todas las almas humanas, absolutamente a todas las almas humanas, con la excepción del alma de nadie. Toda alma debe elegir entre la verdad, el error disfrazado de verdad y el error. Ese es el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Por más enemigo de lo espiritual que sea un ser humano, siempre estará eligiendo lo que cree que es verdad y señalando a los demás lo que cree que es error. Esa es la más alta prueba de toda mente.
La dura prueba a la que esos engaños someten a toda la humanidad, esa prueba que vino sobre toda la Tierra, extraviando a la humanidad, es una orden de Dios.  Esa prueba asesina las mentes al elegir ellas los errores como verdades. Es tal la masacre de almas, que dice que es como un mar, que es como una gran vendimia de uvas y la sangre de los vendimiados llega hasta los frenos de los caballos (Apocalipsis 14:20). Todo sucede en silencio, no se oyen lamentos de los asesinados, ni repugna el olor fétido de la sangre derramada descomponiéndose, porque no mueren los cuerpos sino las almas, en el impresionante proceso de la creación de los dioses. Los muertos siguen vivos y no se dan cuenta que murieron al elegir los errores como verdades. Son los muertos vivientes deambulando por toda la Tierra.

9.  Jesús autorizó las enseñanzas de los doce como sin error.
Desde antes que hablaran ellos doce en nombre de Jesús, antes que algunos de ellos escribieran a toda la humanidad, Jesús avaló las enseñanzas de los doce apóstoles, supuestamente elegidos desde la eternidad, y llamados por Jesús para ser los testigos oficiales suyos, delante de todos los seres humanos.  Ese es el único y exclusivo caso, en que todas las palabras de unos seres humanos fueron de antemano autorizadas por Jesús, como la mismísima voz de su Espíritu.  En el resto de los seres humanos, todas las palabras de nadie son absolutas, inapelables e incuestionables. 
En este exclusivo grupo, de los doce apóstoles, es donde Pablo sabía que tenía que tratar de infiltrarse, con prodigios y engaños. Pues por fuera de ese grupo de los doce, no tendría ni la más mínima autoridad para seducir y tentar, a todos los cristianos, para tratar de extraviarlos de la sabia verdad, con sus falaces enseñanzas, y con los prodigios que le fue dado hacer delante de la bestia. (Apocalipsis 13:14) (Romanos 15:19)
Hay que aclarar que Jesús no avaló todas las palabras que los doce apóstoles hablaron durante su vida pasada.  Jesús avaló las palabras que los doce apóstoles hablaron y enseñaron, luego de haber sido autorizados por Él y confirmados con la venida del Espíritu de Jesús sobre ellos.  Cuando los doce apóstoles estaban en la Tierra con Jesús, incluso hasta el día mismo de la subida de Jesús al Cielo, Él los estaba corrigiendo de sus errores, una y otra vez, estaba enseñándoles, pues el Espíritu de Jesús aún moraba en Jesús y las palabras de ellos doce no eran aún absolutas, se necesitaba que además de ser del número cerrado y exclusivo de los doce apóstoles de Jesús, también haber recibido el Espíritu de Jesús.

10.  Doce bases eternas del muro de la nueva Jerusalén. 
Alrededor de la nueva Jerusalén, la ciudad de Jesús, que desciende del Cielo y es eterna, hay un gran muro, construido con piedras preciosas, rodeándola, protegiéndola, guardándola. El muro de la nueva Jerusalén no es la Ciudad misma, porque la ciudad es el cordero, según dice la escritura, pero el muro hace la parte exterior de esa Ciudad de Dios. 
Y en cada uno de los únicos doce fundamentos eternos del muro de la nueva Jerusalén, desde la eternidad, está grabado el nombre de, uno por uno, los doce apóstoles de Jesús.  Por tanto, se ha de leer el nombre de Matías allí, no el nombre de Judas, ni el de Pablo. Si sus nombres están escritos en las bases del muro que rodea a la nueva Jerusalén, y esta es eterna, suponemos que esos nombres están ahí desde la eternidad (Apocalipsis 21:14).
Son doce cimientos de ese muro, ni uno más, ni uno menos. No son trece cimientos, no puede haber un treceavo cimiento, un treceavo fundamento, una treceava base.  Pablo es un falso apóstol, es el más falso profeta de todos los falsos profetas, es el más impostor de todos los impostores, es el seductor de las naciones, es el usurpador del puesto de los apóstoles de Cristo en el cristianismo.

11.   Los doce son las piedras del pectoral celestial de Jesús. 
El pectoral del sumo sacerdote del Israel del antiguo testamento, aunque es perecedero y terrenal, no fue creado al azar, sino que fue tomado de un modelo eterno ya existente en el Cielo, en el Israel espiritual. (Sobre que a moisés le mostraron unos modelos: Éxodo 25:40, 26:30. Números 8:4).  El pectoral terrenal es semejanza de un pectoral supuestamente eterno. Es un pectoral con doce piedras preciosas talladas e incrustadas en un efod.
No es hecho de doce piedras cualquieras, sino que todas son piedras preciosas diferentes y llamadas por sus nombres propios, tal cual son los doce apóstoles de Jesús. No se podía quitar una de esas gemas y poner otra clase de gema en su lugar. Cada gema tenía su nombre. Tampoco son doce piedras preciosas, pero en bruto, sin tallar y sin pulir, sino que son doce gemas talladas, enseñadas por Jesús durante tres años, e inspirados por el Espíritu de Jesús.   
Por eso el sumo sacerdote terrenal, debía llevar un pectoral alrededor de su pecho, donde reside su espíritu, como lleva por toda la eternidad su pectoral de los doce apóstoles, el sumo sacerdote, Jesús de Nazaret. El pectoral de Jesús no es Jesús, sino que el pectoral de doce piedras preciosas está a su alrededor. Los doce apóstoles de Jesús no son Jesús, pero son los doce que fueron elegidos desde la eternidad para que lo rodearan a Él.
El pectoral del sumo sacerdote Jesús, es el mismo muro de la nueva Jerusalén, porque la ciudad de la nueva Jerusalén es el cordero. No hay trece piedras en el pectoral, ni hay trece cimientos en el muro de la nueva Jerusalén, ni Pablo es del número de los doce apóstoles de Jesús, ni fue enseñado por Jesús, ni fue inspirado por el Espíritu de Jesús en todas sus enseñanzas.
En el pectoral espiritual del sumo sacerdote, Jesús, el pectoral de doce gemas, están los nombres de los doce apóstoles de Jesús, pero no se lee el nombre de Pablo. Si el nombre de Pablo no está en ese muro de la nueva Jerusalén, mucho menos está en ese pectoral. 

12. Apóstoles de Jesús son:
Pedro.
Santiago.
Juan.
Andrés.
Mateo.
Tomás.
Felipe.
Bartolomé.
Simón el cananita.
Santiago el hijo de Alfeo.
Judas (no el Iscariote)
Matías. 
Y nadie, además de ellos doce, puede llamarse apóstol de Jesús.
 
Tan es esto así de verdadero, que Matías fue tomado del grupo grande de más de cien discípulos que eran muy asiduos, eran muy cercanos a Jesús, eran discípulos directos de Jesús y eran testigos del ministerio, y de la resurrección de Jesús, como lo eran los doce, como era María, la madre de Jesús, como lo era María magdalena, como lo eran los familiares de Jesús. Pero nadie de ese grupo privilegiado, abusó del nombre de apóstol, ninguno de esos testigos de primer orden, osó llamarse a sí mismo apóstol. 
Entre esos doce nombres, de las doce piedras preciosas del pectoral de Jesús, sumo sacerdote, que son los mismos nombres de los doce fundamentos del muro de la nueva Jerusalén, no están ni el nombre de Judas Iscariote, ni el nombre de Pablo.
Pablo no es apóstol, es el anticristo camuflado, el falso profeta, el seductor de las naciones, el impostor, el usurpador, el más grande y famoso de todos los anticristos, cuyo engaño, astuto y sutil, ha durado dos mil años, sin ser descubierto por las naciones.  Es el más magistral de todos los falaces que han habitado el planeta Tierra. 

13. Jesús es hallado solamente en cuatro evangelios. 
En ninguna otra parte de toda la Tierra es hallado el verdadero Jesús, el enviado del Cielo. A pesar de que los doce son las piedras del efod y son las bases del muro de la nueva Jerusalén en ellos doce no de halla Jesús. Ellos doce te llevan a Jesús el de los cuatro evangelios. Esos cuatro evangelios, aparentemente fueron escritos aquí en la Tierra, por Mateo, Marcos, Lucas y Juan.  Las enseñanzas de los doce apóstoles de Jesús, de los cuales no hace parte Pablo, están alrededor del Jesús de los cuatro evangelios y te llevan directo a Jesús.  Así es como todo cristiano verdadero ve las sagradas escrituras, los cuatro evangelios, en medio de los cuales está el cordero, y alrededor de ellos los escritos de los doce apóstoles de Jesús.  Pero Pablo, a pesar de sus sutiles y poderosos engaños, con sus vastas epístolas y enseñanzas falaces sembradas en medio de cientos de enseñanzas sublimes y verdaderas, no te lleva, ni te llevará, ni puede llevar a ser humano alguno, directo a Jesús.  Mucho menos, Pablo escribió evangelio alguno sobre Jesús, como en sus epístolas mentirosas dice de su supuesto Evangelio, al cual ni siquiera llama evangelio de Jesús, porque en realidad es un falso evangelio que da testimonio de Pablo y ensalza a Pablo y alaba a Pablo, y por eso lo llama “mi evangelio”.  Jesús no es hallado en las extensas epístolas y enseñanzas de Pablo, sino que por el contrario los cristianos se extravían de Jesús, en algunos puntos de difícil inteligencia de esas falaces enseñanzas, puesto que esas trampas están rodeadas de muchas verdades sublimes.

14.  Solo a través de Jesús se puede dar a conocer a Dios. 
Aparte de los doce apóstoles de Jesús, revestidos con la autoridad de ser los voceros oficiales y autorizados de Él aquí en la Tierra, nadie también puede dar a conocer a Dios por sí mismo. Cualquier ser humano, ya sea grande o pequeño, ignorante en el mundo o erudito, lo puede dar a conocer, siempre y cuando lo haga unido fiel mente a las enseñanzas de Jesús, que están en los cuatro evangelios, pues Jesús y nadie además de Jesús es el sendero a Dios.  Según Jesús. Toda la presentación verdadera de Dios a los seres humanos proviene de Jesús y de nadie además de Jesús.  Pues Jesús, es el único nombre sobre la Tierra y bajo el Cielo, dado a los seres humanos, en que podemos conocer a Dios. Dios no está en objetos materiales, ni en rituales, y Jesús es Dios, según Jesús. No hay profetas que lo hayan dado a conocer sin dar a conocer a Jesús. Ni hay revelaciones de Dios a los hombres sin Jesús. Según Jesús.
Nadie es tan importante sobre la Tierra, como para que pueda decir que era necesario añadir una enseñanza suya a las enseñanzas de Jesús, lo cual han hecho por siglos los seguidores de Pablo, con sus epístolas.  Ignoran que Jesús con nadie comparte su gloria.  nadie puede decir que a Jesús le sobró una enseñanza. O que le hizo falta una enseñanza a Jesús, sin la cual un ser humano no pueda llegar a la verdad total, llegar al Padre, llegar al Cielo, llegar a la nueva Jerusalén.  Por lo anterior, se deduce que la verdad total no era añadirles a las enseñanzas de Jesús, las enseñanzas que supuestamente le habrían faltado, (como las de Pablo) que supuestamente serían enseñanzas importantes e imprescindibles para la salvación de las almas, pues a Jesús no le faltó ni una sola enseñanza.  Sino que la verdad total es reconocer que las naciones le añadieron enseñanzas de hombres a las enseñanzas de Jesús, traspasaron a Jesús, con lo cual impidieron que el Espíritu de Jesús guiara a los cristianos a la verdad total.

15.  Si un ser humano lee solamente los cuatro evangelios. 
Si una persona, lee solamente los cuatro evangelios, y no lee más libros en toda su vida, ese ser humano sí conoce a Jesús (Dios) directamente.  Y ese conocer a Dios, poniendo por obra esas enseñanzas, como si fuera un sendero para recorrer, le es suficiente a ese ser humano para llegar a la salvación dada por Jesús, aunque no lea las enseñanzas de los doce apóstoles de Jesús, ni lea a uno tan solo de los miles de teólogos con alto grado de fidelidad y bajo grado de infidelidad. Pues Jesús es el único sendero, Jesús es suficiente, por lo que las enseñanzas de nadie les hacen falta a las enseñanzas de Jesús.  Si un ser humano, lee solamente los cuatro evangelios, y no lee más en toda su vida, el Espíritu de Jesús, que vive en esos cuatro evangelios, lo lleva directamente hacia la verdad total, no necesita de enseñanzas de seres humanos, ni de maestros humanos.
Las enseñanzas de los doce apóstoles de Jesús no nos llevan a conocer al Padre, sino que esas enseñanzas rodean a las enseñanzas de Jesús, así como los doce apóstoles de Jesús rodean a Jesús, son su pectoral de doce piedras preciosas y así como el muro de la nueva Jerusalén, sin ser la nueva Jerusalén, rodea a la ciudad celestial, la eterna, siendo eterno también su muro.  Las enseñanzas de los doce apóstoles de Jesús, en verdad son absolutas, son inapelables y son incuestionables, pero también hay que reconocer que si un ser humano no lee esas enseñanzas de los doce apóstoles de Jesús, pero sí lee los cuatro evangelios de Jesús, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, ese ser humano ya está en el camino, ya conoce a Dios.  Por eso sucedió, que cuando algunos de los discípulos de Jesús, le dijeron que habían visto a unos que estaban arrojando demonios en el nombre de Jesús, pero que como no eran de su grupo, se los habían impedido, entonces Jesús les ordenó que no se los impidieran, porque ninguno que obre un milagro en nombre de Jesús, hablará luego mal de Jesús.
Si un ser humano lee muchos libros, de muchos teólogos con alto grado de fidelidad, si ese ser humano lee profecías verdaderas, lee también escritos de siervos de Dios y lee las enseñanzas de los doce apóstoles de Jesús, pero desafortunadamente ese ser humano no pudo leer, o no consiguió que le leyeran, los cuatro evangelios, donde están por toda la eternidad las enseñanzas de Jesús, ese hombre aún no ha llegado a donde Jesús, no ha llegado a la verdadera presencia de Dios, ni ha podido adorarlo.  Pues ese hombre aún no conoce a Dios directamente, no conoce el sendero, ese ser humano ha oído hablar del sendero, pero no ha pisado en el sendero.

16. El cristianismo es como un sendero de luz. 
El cristianismo no es un proceso, ni es un sistema teológico, ni es una religión. La religión que hoy hay está formada por las añadiduras que les hacen a los cuatro evangelios, principalmente las epístolas de Pablo. Ahí sí hay una religión. El cristianismo son las enseñanzas de Jesús, el sendero son las enseñanzas del Cristo, que es Jesús y las enseñanzas de nadie además de esas.  nadie además de Jesús es el Cristo, nadie además de Jesús es el verdadero sendero.  En esas enseñanzas de Jesús están las señales y las instrucciones para nacer de nuevo, para ser hijos de Dios, para tener la vida eterna.  Todo paso que uno dé conforme a esas enseñanzas de Jesús, toda decisión que un ser humano tome conforme a esas enseñanzas de Jesús, que están en los cuatro evangelios, da ese paso en Jesús mismo, lo da en el único sendero luminoso de Dios.  Si un ser humano se sale del sendero y sigue las enseñanzas de teólogos, como Pablo, nada tiene, traspasó a Jesús.  El ser humano tiene luz mientras está en el sendero, si se sale del sendero está en las tinieblas, hay luz, pero las nubes no dejan ver.  En cuanto ese humano pueda volver al sendero vuelve a estar iluminado.
Si el cristianismo fuera un proceso, el ser humano sería poseedor de la luz del cristianismo, no la perdería.  Si el cristianismo fuera un proceso, aunque un cristiano se saliera del sendero, tendría la luz propia acumulada en el proceso, pero como es un sendero, todo aquel que se salga un instante del sendero de luz, anda rodeado de nubes.  Sin el sendero no puede ver más allá.  nadie además de Jesús es el camino.  Si no es por intermedio de la fe en Jesús y en nadie además de Él y en sus enseñanzas, no viene el verdadero Espíritu de Jesús a morar en los seres humanos y a guiarlos hacia la verdad total.  nadie además de Jesús envía el Espíritu de Jesús, y nadie además del Espíritu de Jesús los guía hacia la verdad total. 
Jesús mismo fue el que dijo que sería contado entre malhechores y que todos, absolutamente todos, los que vinieron antes de Él, como enviados de Dios, eran ladrones y eran salteadores. Por eso, aunque millones de seres humanos, engañados y confundidos por sutiles ardides, los oyeron y siguieron sus caminos, para su desventura, las ovejas reales de Jesús, no se dejaron confundir y no los oyeron, porque las ovejas de Jesús oyen a nadie, a ningún ser humano, además de Jesús, en este sendero al Padre. Aquí se entiende la importancia de nadie en el cristianismo. nadie es más importante que los demás en este sendero de luz.

17.   Es imprescindible añadir las enseñanzas de nadie a las de Jesús.
Es indispensable entonces tener bien en cuenta a ningún ser humano, para seguirlo hacia el Padre, ir en pos de nadie, además de Jesús, dejarse deslumbrar por nadie además de Jesús, porque es indispensable saber que, entre los humanos, nadie además de Jesús es Dios, es Cristo, es Mesías, es el enviado de Dios Padre.
Es absolutamente necesario en el cristianismo, tener siempre presente que nadie es imprescindible, además de Jesús, para conocer verdaderamente a Dios, tanto al Padre, como al Hijo y al Espíritu de Jesús. Porque solamente haciendo así, los falsos profetas, entre ellos el supremo impostor Pablo, no pueden interponerse entre Dios y los seguidores de Jesús.  El ser humano que invoque al Padre celestial, sin invocar a Jesús, por más profeta y por más milagroso que sea, ese no es de Jesús, sino que es del anticristo (Pablo).  Nadie es así de importante en el cristianismo.
Si a toda hora, en todo momento, todo el tiempo, no le añades las enseñanzas de ningún ser humano, las enseñanzas de nadie, a las enseñanzas de Jesús, allá en el lugar sagrado, en el templo y en el altar de tu alma, entonces los falsos profetas, por millones, como una plaga de langostas, dirigidos e instruidos por las seductoras enseñanzas del anticristo (Pablo), no te dejarán llegar al conocimiento de Dios, te engañarán, te desviarán, estarás errando y creerás estar ante la presencia de Dios sin estarlo.    Porque añadirle las palabras y enseñanzas de ningún ser humano, las enseñanzas de nadie, a las palabras y enseñanzas de Jesús, es totalmente imprescindible para poder llegar a la verdad total, que es lo mismo que entrar de lleno a la plaza de la gran ciudad, a la plaza de la nueva Jerusalén, a la palabra viva de Dios.

18.  El cuidado de no aceptar usurpadores.   
Los verdaderos profetas no se interponen entre Dios y los hombres.  En esto también diferenciamos a los profetas verdaderos, de los falsos profetas, en que los falsos profetas y apóstoles, pretenden usurpar, con sus enseñanzas, las enseñanzas de Jesús, interponiéndose entre Jesús y los cristianos, como lo está el anticristo (Pablo).  Aparentemente, los astutos falsos profetas, no enseñaron a los cristianos a dejar de lado a Jesús, incluso le dan la gloria a Jesús, en algunas de sus enseñanzas, pero en otras enseñanzas le roban, descaradamente, la gloria a Jesús. ("sed imitadores míos como yo los soy de Cristo" 1 Corintios 11:1. ver también: 1 Corintios 4:16, Filipenses 3:17). Por lo que, dos mil años después, ahí están esas sutiles enseñanzas, interponiéndose, usurpando, ensuciando y pisoteando el lugar santo, que es la palabra viva de Dios. Sus enseñanzas, los ponen en su lugar.
    Pablo pretendió para sí ser el treceavo apóstol, porque necesitaba para su nefasta misión probadora de seres humanos, usurpar ese puesto de autoridad total y de privilegio, que a nadie le fue concedido tener, de ser el treceavo apóstol. Por lo que con prodigios, argumentos, falacias y engaños, se apropió del título de apóstol, dado por Jesús a los doce cimientos del muro de la nueva Jerusalén, a las doce piedras de su pectoral eterno, diciendo Pablo a sus seguidores, que él es el treceavo apóstol.
    Pueden decir que cuando Jesús llamó a sus doce apóstoles, Pablo era muy joven, y por ello no era apto para ser apóstol del número de los doce, según parece por las escrituras. Pero no era un problema para el Padre haber puesto a Pablo en la tierra en una edad semejante a la edad de los demás apóstoles de Jesús. Si el Padre, de verdad, hubiera deseado, por un solo instante, que Pablo fuera un apóstol de Jesús, Pablo hubiera sido del número de los doce, pues el Padre todo lo puede. Pablo ni siquiera fue llamado por Jesús, para pertenecer al numeroso grupo de sus cientos de discípulos y seguidores, que no fueron llamados apóstoles por Jesús, entre los cuales hasta había jóvenes, como Marcos, el que huyó, dejando su ropa en las manos de los soldados que apresaron a Jesús, en el huerto de los olivos.
En el tiempo que Jesús estaba sobre la tierra, Pablo estaba también en Israel, pero no oyendo a Jesús, sino por el contrario, haciéndose un fariseo recalcitrante. Era un joven aprendiz, de un maestro mediocre del pueblo de Israel, llamado Gamaliel, que era un maestro fariseo, sobrevalorado en las epístolas de Pablo, para poder engañar a los gentiles con Gamaliel, haciéndoles creer que sabía mucho de la ley de Dios y de la verdad de Dios. Pero Gamaliel, ese supuesto gran maestro del pueblo de Dios, ni siquiera reconoció quien era Jesús, como si lo reconocieron Nicodemo y José de Arimatea. Tampoco Gamaliel se convirtió al cristianismo de los apóstoles, por lo que, en el cristianismo verdadero, ese tal maestro Gamaliel, en verdad nada vale.
    Pedro y los otros diez apóstoles, se reunieron para pedirle al Espíritu de Jesús, que los guiara a señalar al elegido como apóstol, según la voluntad de Dios, luego de suicidarse el falso apóstol Judas, para que el número de doce permaneciera cerrado. Era absolutamente necesario para ellos, según su autoridad, emanada del Espíritu de Jesús, que el elegido hubiera estado con Jesús durante todo el tiempo de su ministerio y que también pudiera ser testigo directo de la resurrección de Jesús, y que además hubiera recibido el Espíritu de Jesús el día de pentecostés. Esas eran unas condiciones sin las cuales nadie podía ser del número cerrado de los doce apóstoles de Jesús. No creáis a cualquier espíritu, sino escudriñad los espíritus a ver si son de Dios. (1a de Juan 4:1)

19.  El que siga a los doce a donde Jesús llega.  
El que siga a los doce, llega a Jesús sin ser desviado; y el que siga a Jesús, al Padre llega sin ser desviado.  Pero Pablo, diciendo que lleva a los seres humanos a donde Jesús, en verdad también los lleva a adorar a Pablo.  Por ese trabajo tan sutil, de elaborado engaño de Pablo, hoy en día, en toda la Tierra, donde se adora a Jesús, entre todos los católicos, entre todos los ortodoxos y entre todos los de la reforma protestante, también se dice que todas las palabras de Pablo son palabras que Dios habló.  Y las epístolas de Pablo, han logrado pasar dos mil años como si fueran verdaderas palabras de Dios. Pero justamente ese es su problema, que a la vez se ve claramente que ha quedado interpuesto entre Dios y los hombres, ha quedado al lado de Jesús, es seguido, sus palabras son tomadas como si fueran las mismísimas palabras de Dios.  El que estudie las escrituras hoy sin el velo de las falaces enseñanzas de Pablo, ve que los humanos van es hacia Pablo, que no son guiados hacia Jesús, ni llegan al Padre.

20.  El Padre, Jesús y sus doce, todos son uno. 
Realmente son uno por la negación de Jesús y por la negación de los doce apóstoles. Son uno por su sumisión total de todos a la voluntad del Padre. Solo así ese Espíritu de Jesús los une en verdad.  Jesús rogó al Padre, por todos aquellos que crean en Él (en Jesús), por las enseñanzas de los doce apóstoles. Jesús no rogó por los que crean en las enseñanzas de alguno otro ser humano. Jesús no rogó por lo que crean en las enseñanzas de Pablo.  Jesús se negó a sí mismo, y los doce apóstoles se negaron a sí mismos, se hicieron nadie. Así se hicieron uno con Jesús y con el Padre por la negación de sus voluntades.  Todo aquel que se niegue a sí mismo que deponga su voluntad, para hacer la voluntad del Padre expresada en las enseñanzas de Jesús y en las enseñanzas de los doce apóstoles, ese, como ya no es alguien, como es nadie, llega a ser uno con Jesús.
Ser nadie es algo que obviamente Pablo no pudo ser, porque no se podía negar a sí mismo. Pablo tenía que hacer todo lo contrario de negarse, él se tenía que afirmar, ser muy llamador de la atención, para poder atraer a los cristianos hacia su persona. Cuando los habitantes de la ciudad de Listra trajeron bueyes para sacrificarlos delante de Pablo, porque vieron uno de sus milagros, él se opuso rotundamente, diciendo que él era un simple ser humano. Pero en sus epístolas, Pablo incita muchas veces a sus lectores a que lo idolatren, a que sean imitadores de él, como si imitaran a Cristo.  Pablo no les decía que fueran imitadores de Cristo.  Pablo le escribe a uno de sus discípulos que no tenga temor de dar testimonio de Jesús y de él, de Pablo, que era su maestro, porque Pablo pretendía ser un puente entre Cristo y los cristianos.
Pablo hace lo uno y hace lo otro con sutileza, da gloria a Jesús y a la vez quita, en otras enseñanzas, la gloria a Jesús. Por eso fue por lo que terminó engañando a las naciones por dos mil largos años.  Si Pablo se negaba a sí mismo, desaparecía como gran maestro, no podría ejercer su ministerio extraviador de los seres humanos. Pablo tenía que llamar mucho la atención de los humanos hacia su persona, para poder distraer a los cristianos, que tenían la atención puesta en Jesús. Mientras que los doce apóstoles y Jesús sí se negaron a sí mismos, Pablo se tenía que afirmar. Esta diferencia solo la puede notar aquel que esté tratando de negarse a sí mismo. Por eso no es notada por las naciones que son como un mar efervescente de egos.

21. Nadie, además de Jesús, “merece” ser adorado por los cristianos. 
Las palabras de nadie, además de las de Jesús, merecen ser tenidas como palabras de Dios, porque entre todos los humanos, nadie además de Jesús es Dios.  El que siga a Pablo y acepte que esas epístolas humanas son palabras de Dios, lo cual es adoración, no sigue a Jesús, ni sigue al Padre, ni conoce a Dios.  Esas palabras de Jesús son la enseñanza que en verdad desciende de lo alto, son la enseñanza que da el Espíritu de Jesús.  Todo aquel que sea de la verdad, todo aquel que conozca verdaderamente a Dios, es decir, todo aquel que conozca a Jesús, tal cual es (Dios), se aleja de las enseñanzas de Pablo en silencio. Deja que todos sean probados, sin arrancar esa cizaña, aunque se dé cuenta que millones de seres humanos estén confundidos con sus milagros y estén engañados y seducidos por sus enseñanzas falaces, encubiertas entre sus muchas enseñanzas verdaderas. Todo aquel que desee adorar a Dios, ha de tener el cuidado de adorar también las palabras de nadie. Solo así se asegura de no adorar humanos, de no adorar palabras humanas como palabras de Dios.

22. Nadie además de Jesús da el espíritu de Jesús. 
El ser humano que reciba el Espíritu de Jesús fue porque se lo regaló Jesús. nadie además de Jesús puede dar el Espíritu de Jesús.  No es que alguien pueda dar el Espíritu de Jesús y no lo haga, es que nadie, además de Jesús, puede Darlo.
Pablo no trae el Espíritu de Jesús, sino que trae el espíritu de Pablo disfrazado de Espíritu de Jesús, con mucha astucia. Pablo da el espíritu del anticristo, camuflado de espíritu de Jesús impersonal, no unido al Espíritu de Jesús. Como si ese Espíritu fuera independiente de Jesús. Tiene que hacerlo así porque nadie además de Jesús puede dar el espíritu de Jesús. No es por alguna otra razón. También viene disfrazado de espíritu obrador de prodigios, un espíritu que tumba, que derriba a los seres humanos, como fue derribado Pablo, un espíritu que les quita la fuerza a los seres humanos y les hace perder la conciencia y la luz de los ojos, como encegueció a Pablo. Un falso espíritu “no de Jesús”, aparentemente santo, enviado por el tentador para probarnos, autorizado por el Padre de Jesús.
Dios es Jesús, y las palabras de Jesús son el espíritu de Jesús. Jesús y sus palabras dan a conocer al enigmático Padre. Jesús también enseñó que son tres Dioses en Él. Y enseñó que sus palabras, sus enseñanzas, son su espíritu, el único Espíritu de Dios (Jesús) que puede haber. No hay otro Espíritu “Santo” diferente de las palabras de Jesús. Por lo que nadie, además de Jesús puede dar el Espíritu de Jesús.  Pablo enseña a llamar al Padre: “Dios” (de forma impersonal, difusa), cuando Jesús enseñó que se llama el “Padre de Jesús”. Y Pablo enseñó a llamar al Espíritu de Jesús: Espíritu “Santo”, y logra diferenciarlo, desprenderlo de las palabras de Jesús, cuando su nombre es “Espíritu de Jesús”.
El Padre de Jesús contiene el nombre de Jesús y el Espíritu de Jesús contiene el nombre de Jesús. Por lo que los tres tienen el nombre de Jesús. Único nombre dado a los hombres para conocer a ese enigmático ser llamado Dios.



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